|
Huelga comentar el afán y ansia por buscar siempre lo más difícil presentes en todo piloto que se precie. Es evidente de quién se trata si te encuentras a unos aparentes imprudentes bajando a lo burro por un canchal que termina en un río ardiente o subiendo a un monte en cuya cumbre hay una bestia salvaje de la que nadie ha escapado jamás; efectivamente, se trata de unos pilotos, además no de unos pilotos de andar por casa, sino de unos pilotos Scout de Europa. Bueno, bueno, bromas aparte.
Nuestra verdadera historia comienza a varias horas, según el punto de vista del personaje, en concreto mi historia empezó cuando el despertador me hizo salir bruscamente de un sueño de cuyo nombre no quiero acordarme. Eran las 07:00. Raudo y veloz, como buen piloto, preparé lo necesario para pasar una aventura digna de mención en San Pablo de los Montes. Esta preparación no tiene mucho más que comentar, la verdadera AVENTURA empezaría a las 07:45. El coche estaba en la puerta, allí me esperaban tres grandes personalidades de las cuatro que me acompañarían durante el día, la otra la recogeríamos de camino. Con alguna espera a la cuarta personalidad debido a un fallo en el funcionamiento de la alarma, salimos hacia nuestro destino, San Pablo de los Montes.
El viaje fue acompañado de sus debidas conversaciones de diversos temas, dichas conversaciones se vieron interrumpidas por la presencia de placas de hielo en la carretera, la verdad es que todo el día estuvo acompañado de hielo, nieve y frío. Cumpliendo con la ley y haciendo lo mejor para nuestra seguridad, pusimos cadenas al coche; aprovecho para dar gracias a Juancho que nos enseñó el funcionamiento de estos sencillos aparatos.
Llegamos a las Navillas, donde empezaría el camino a pie. No habíamos andado mucho cuando nos encontramos con charcos congelados con una capa de hielo de tales dimensiones que soportaban el peso de cuatro pilotos fornidos. Estos encuentros se sucedieron uno tras otro y nos parábamos en casi todos los charcos para hacer alguna locura. Cabe destacar uno en el que nos subimos los cuatro pilotos, pero lo más divertido es que tres de nosotros nos tumbamos, bueno, debería decir: se tumbaron, yo fui prudente y únicamente me senté.
Ascendimos a lo largo de la Cañada del Arroyo Marchés con alguna parada entre medias, hasta que por fin alcanzamos, el pico, la cumbre, lo más alto, el Pico de las Majadillas, a nada menos que 1328 metros de altura. Fue divertido, diría mejor, curioso. Yo lo pasé algo mal, aunque se de alguno que lo pasó algo peor. Al llegar arriba nos hicimos algunas merecidas fotos y bajamos a to' pasto y a lo bestia para llegar lo más rápido posible al coche, ya que íbamos un pelín apretados de tiempo.
Volvimos y comimos en San Pablo de los Montes los bien preparados bocatas. Tras esto regresamos a Toledo. El camino de vuelta no tiene mucho que comentar, el caso es que llegamos a buena hora a la parroquia de San Juan de la Cruz en Toledo. En ese lugar fue donde tuvimos el Consejo de Clan donde Juancho nos habló sobre lo que un piloto debía tener presente en cuanto a su vida tanto Scout como no Scout. A la par con ello se nos presentó la gran oportunidad de tomarnos un chocolatito caliente con bizcochos, estaban para comérselos, y de hecho, es lo que hicimos.
Total, que tras un día de acción e intensidad ininterrumpidas llegó el momento de terminar. Así que con todo y con esto yo regresé a mi hogar a eso de las 18:00 puesto que debía comenzar a darme a otros menesteres necesarios, aunque sé de buena tinta que los demás se quedaron pasándose las fotos de Vezelay, menuda suerte.
Espero que haya sido de todo vuestro agrado y gusto esta Breve Crónica. Gracias por vuestro tiempo.
Por Pedro López-Guerrero Fernández (Clan Piloto Alfonzo X el Sabio de Toledo)
|